VIAJAR SOLA A AUSTRALIA 

  

Esta soy yo, después de aprender a conocerme un poquito más cada día, ¡vivir en Australia está siendo una de las mejores experiencias de mi vida!.

Su cara de felicidad lo dice todo :)
Su cara de felicidad lo dice todo :)
  

Soy una segoviana que vivía en Madrid. Estudié una carrera y un máster para ser profesora de Educación Física en institutos, pero me di cuenta de que además de eso, si sabía inglés, tendría muchas más posibilidades de conseguir el trabajo de mis sueños. Me decidí por Australia porque tengo unas súper amigas (Lidia y María) que ya vivieron aquí un año y me motivaron mucho. Cuando se lo conté a mi familia, lo que más recuerdo es a mi padre preguntándome: ¿no hay sitios más cerca para aprender inglés? Creo que nunca se me va a olvidar esa frase.

Todos me apoyaron mucho con la decisión; mi hermana, mis padres, mis tíos... todos. Así que esto me ayudó aún más a pedir mi visa de estudiante. Algunas de mis amigas se morían de ganas de acompañarme y otras decían que estaba loca, que me lo pensara mejor, que cómo me iba a ir sola al otro lado del mundo... 

Desde España contraté una agencia (Australian Way) que me facilitó la apertura de una cuenta en el banco, una tarjeta SIM, seguro médico... antes de que aterrizara Sidney. Hasta aquí todo ok, pero ahora te voy a contar de verdad la experiencia de vivir sola en un país diferente al tuyo, con un idioma distinto y con otra cultura.

Llegó el día. En el aeropuerto de Madrid cambié algunos euros a dólares australianos y, después de las correspondientes lágrimas de despedida, cogí ese avión. 24 horas de vuelo, sola, pasando millones de cosas por mi cabeza, los momentos que estuve despierta (que tampoco fueron muchos porque dormí más que nunca). 

Aterricé en Sidney, sola, pero con la seguridad de que Sara, mi amiga segoviana, me había dejado la llave de su casa para que me quedase los primeros días. No todo el mundo tiene la suerte de tener a alguien conocido los primero días. 

Los primeros días me perdí muchas veces, me quedaba sin batería muy rápido en el teléfono, caminé kilómetros y kilómetros sola conmigo misma, no conocía la ciudad. Mi inglés al principio era lo más básico del mundo y si tenemos en cuenta que los australianos, además, tienen una pronunciación "muy suya" para que no les entienda nadie, te puedes imaginar la situación. 

Pero aún así todo fue perfecto. Esos momentos de estar perdida, de intentar comunicarme aunque fuera por gestos, de buscar alojamiento, empezar en la escuela de inglés, etc, me hicieron crecer mucho día a día. 

Me he dado cuenta de que si algo te asusta pero realmente quieres hacerlo, estás en el camino correcto. He vivido en 3 sitios diferentes: 2 casas compartiendo con 8 personas y durmiendo en la habitación con una chica en cada una de las casas (en Sidney es muy común compartir habitación con una persona ¡o incluso más!, porque el alquiler es bastante caro) y ahora estoy en un hostel donde soy voluntaria a cambio de alojamiento. No dejo de hacer cosas nuevas cada semana, mi madre me pregunta que qué será lo próximo :)

En cuanto al trabajo, la primera semana que llegué a Australia encontré a la que sigue siendo mi jefa a día de hoy (y la que ya es mi amiga para el resto de mi vida), ¡y no he parado!; limpiar casas, cuidar niños, poner cubatas, servir comida, hacer camas, cortar el césped, hacer cafés y enseñar español son algunas de las cosas que he hecho estos últimos meses. ¡y me encanta! He aprendido mucho en cada una de ellas.

 Poco a poco he ido encontrando "la estabilidad" que buscaba para este año, pero no ha sido tan fácil como lo planeaba desde España. No paro de conocer gente de todas las partes del mundo todos los días y creo que ésta es una de las cosas más positivas que me llevo de esta experiencia. Me he dado cuenta de que me encanta conocer diferentes culturas, diferentes formas de ver la vida, diferentes opiniones sobre muchos temas, te hace reflexionar, aceptar, valorar muchas cosas a las que antes casi no daba importancia, o que le daba demasiada y en realidad son una tontería. 

 En conclusión, tengas la edad que tengas y vivas donde vivas, si te apetece irte sola de vacaciones o incluso irte a vivir a otra ciudad o país, ¡hazlo! 

 No te preocupes por lo que diga gente. Siempre habrá quienes te critiquen y quienes te empujen hacia tus sueños. 

 Que no te hagan pensar que viajar sola está mal. Sé tu misma, vive. 

 Haz lo que quieras, ¡pero que te haga feliz!


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